La tarde se encontraba húmeda, hacia un par de horas q había caído lluvia, se podía percibir ese olor a tierra y hierba mojada.
El, descansaba en un camastro q estaba fuera de su acogedora cabaña.
Había trabajado tanto que tenia que recobrar fuerza para aventurarse en la novela de la que era autor.
Necesitaba inspiración…
Comenzaba a quedarse dormido, cuando escucho el rechinar de la madera de las escaleras q daban a la puerta principal de la casa.
De pronto abrió los ojos y vio a la hermosa mujer de piernas largas y sonrisa blanca.
Vengo a... pronunciaba ella, pero antes de que terminara la frase, se levanto y se paro justo enfrente de ella, abrió la puerta sin dejar de mirarla y con una seña la invito a pasar.
La chimenea estaba prendida, y ella se sentó en el sofá más cercano. Ella contemplaba cada centímetro de el, estaba fascinada por el tono oscuro y grandes brazos de aquel hombre.
Mientras, el se dirigía a la cocina a preparar el café de la tarde.
Se encontraba detrás la barra, los dedos contenían rastros de granos de café, los ojos, clavados en la diminuta falda rosada de la chica.
Ella cruzo la pierna y de su bolsa, saco un cigarro, lo encendió y al darle las primeras fumadas, el hombre dijo de forma firme…. No se permite fumar.
La chica tiro el cigarro a la duela, se levanto y ligeramente lo piso, mirándolo a los ojos.
De prisa se acerco a el, estaba justo enfrente de el, del otro lado de la barra q separaba la estancia de la cocina.
Al verla la reacción de la chica, inmediatamente el dio la vuelta, cuando estaba a escasos centímetros de ella, la tomo por la cintura y la levanto hasta la barra.
Desabotono su blusa blanca y tomo lo que encontró entre sus manos. Con tanta suavidad pero al vez con la intensidad de la pasión entre los dedos.
Las manos estaban calientes, sudorosas y con hambre de tocar.
Ella estaba sorprendidamente excitada, y comenzó a besarlo, de una manera tan feroz, que parecía el reencuentro de dos amantes que estaban sedientos de placeres.
Lo abrazo fuertemente y dejaba el rastro de las uñas en la espalda de aquel hombre que al mismo tiempo desabrochaba su pantalón.
Ayudada de su pierna izquierda ella deslizo aquellos jeans hasta que quedaron en el piso y lo libero de ellos. Se podía ver una imagen perfecta de dos amantes.
El acercamiento era mayor. Ahora él lamía cada segmento de piel que estaba al desnudo de la chica. La blusa ya estaba detrás la barra que sostenía los goces de ambos cuerpos.
Las manos de el, ahora jugaban traviesas por debajo de la falda, provocando la respiración agitada y sonidos bulliciosos de la mujer.
Cuando el sonido se hacía escuchar mas, el se detuvo, la miro penetrante, casi como si la atravesara con la mirada, se dio la vuelta y camino hasta la sala.
Ella, recobraba la respiración y veía insistiendo las piernas firmes de aquel que se alejaba.
El se detuvo frente al sillón donde ella había estado antes, recogió del piso el cigarro, lo encendió y entonces dijo:
-Los seres humanos obedecemos por naturaleza, cuando algo o alguien nos pone un obstáculo los respetamos de tal manera que nos resulte imposible romper la reglas, romper los paradigmas; en vez de ser fieles obedientes de nuestros instintos mas profundos y entonces luchar a pesar del caos. Yo, opto por escuchar lo q mi ser entero dicta cada instante-
La chica tenía que aprender el juego o retirarse.
Se aproximo, rápidamente estaba sentada sobre el.
El humo paseaba por el rostro de la chica, y al aspirar por ultima vez el tabaco, él lo aventó hasta a chimenea, el cigarro tenía que consumirse solo.
Consumiéndose como cada cosa, a veces, muchas veces, termina por acabarse en soledad.
Con la pasión corriendo entre as venas los dos cuerpos iban devoradonse, penetrando hasta las células el goce de la piel.
Movimientos lentos para invitar a más deseos,
Manos transitando de la cabeza a los pies,
Cuando el movimiento de la mujer iba en aumento, el coloco una de sus grandes manos alrededor de su cuello, lo presiono de tal forma que ella contuviera la respiración unos instantes y se detuviera un poco.
En aquel instante en ella, retumbaron las palabras que había pronunciado el unos minutos antes.
Así que no espero y con la mano derecha lo tomo del cabello sujetándolo fuertemente y haciendo que su cabeza fuera hacia atrás, lo jalaba y susurro: sigo mis instintos más profundos…
Casi enterraba las uñas en la cabeza de aquel hombre que estaba extasiado con la actitud de la mujer.
La soltó suavemente del cuello y se levanto con ella abrazada con las piernas a su cintura, se acerco al sillón más grande y estaba sobre ella.
El pecho de la chica estaba agitado,
La mente ansiosa por saber que seguía después.
La necesidad de concluir el placer iba en aumento, con ímpetu el se sacudía, una y otra vez, dejando a la chica sin aliento. Ella mordía sus labios e insinuaba más.
Quería gritar pero el alarido estaba guardado para el momento del placer final.
Se escuchaba cada vez más fuerte el corazón de los amantes, el jadeo.
El agua salada que fluía de la piel, inundaba los deseos, las perversiones que nacían de las entrañas para hacerse realidad en aquel sofá que soportaba el calor de los seres.
El instante estaba próximo, ella pedía mas, necesitaba mas, deseaba más, el complaciente accedía, con mayor intensidad jugueteaba sobre ella.
Las marcas del rasguño que tatuaban la espalda, ya lo hacían en los brazos, dejando esa huella del que esta siendo complacido.
Los minutos corrían y las lágrimas casi salían del brillo de los ojos, había llegado el momento del grito final.
El aliento se había perdido entre los dos, fundido, fusionado.
La pasión, las ganas… los alcanzo hasta el fin.
Terminando, con la respiración compartida, se miraron, regalándose el último beso…
Entonces ella pronuncio: Vengo a… interrumpiendo el dijo: a regalarme la mas grande inspiración…


